martes, 3 de septiembre de 2013

La Mujer entre las Sabanas

Abrió a los ojos a media luz, las sabanas cubrían media humanidad latente, se sentó sobre el borde de la cama, extendió la mano corrió un tanto la cortina, la fría madrugada vestida en llovizna amenazaba fuera a los desprotegidos, y el viento de la lejanía soplaba silente de aquí a allá sin muchos espectadores. Sintió el frio recorrer su piel, sintió su pálida humanidad estremecerse en escalofríos, en congoja.

Giro hacia la cama, entre las sabanas, respiraba aquella mujer.

Entre la sombra oculta de aquella habitación, dormitaba aquel magnifico ser, que la mente sola no puede interpretar jamás, por lo cual recurre al corazón que tiene algo por decir cada que le cuestionan por incertidumbres. Allí entre frazadas y oscuridad momentánea fulguraba la silueta de aquel ente que dominaba el paisaje diminuto de un instante frente al espejo.

Ella, tan solo ella, la mujer durmiente a su lado, era la compañía. De cierta forma no lograba entenderlo del todo,  no era fácil descubrirse a su vera; quien puede dijo, como alguien no desvanece ante tal divino espectáculo.
Que debe hacer, acudir al impulso tremendo de sujetarla y estremecerla contra su cuerpo. O de abrazarla con ternura y suspirar a su oído, debe acaso rendir tributo a la vida por el mágico instante, o quizás omitir toda reacción y solo contemplar absorto el cuerpo que irriga de vida cada  centímetro del lecho. 

– no lo supo -, como no lo sabe ahora.

Era irreal, pero entre las sabanas, respiraba aquella mujer. Ella, esa creatura perfecta que tantas noches había soñado y que tantas veces invento en otras, antes de que apareciera la soledad disfrazada con su nombre y sus excesos. Ahí estaba, ahí estaban ambos y al mismo tiempo el silencio era tal que cualquiera juraría que nadie reposa en aquel recinto.
Guardo el aliento, no quiso respirar… propuso detener sus latidos –que para ese momento-, eran ya demasiados, pretendió detener el reloj, el mundo, la vida el universo entero para que aquella figura continuara absorta en su sueño.

Entre las sabanas, respiraba aquella mujer….

Estaba viva, aunque parecía ya de otras latitudes empíreas. Desde el borde de la cama abrió los ojos, descubrió la oscuridad que menguaba con el amanecer. Sintió el frio recorrer su piel, sintió su pálida humanidad estremecerse en escalofríos, en congoja.

No era miedo, no era pasión… era exactamente el reflejo del corredor de sus espejos internos el que se manifestaba. Se trataba del cumplimiento de un sueño, de un destino añorado de un sentir postergado tantas veces, que ya tintes añejos le daban sabor a años de experiencia, a un pasado ya cumplido, a presente por suceder.

Se acercó al blanco hombro desnudo, con cuidado y despacio. Tiritaron sus labios


                Te Amo le dijo; Pero, aquella mujer  que entre las sabanas respiraba No le escucho.